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Julián, el niño de los ojos de cielo

Hoy, en este día que no termina de despertar, donde todo me llama a recuerdos, vi tus ojos azules pintados en la ventana. Estabas allí, con tu risa de niño y tu mirada de sueños...con el vuelo de tu dorado cabello, ese que siempre me recordaba al Principito del cuento, ese al que siempre le salteábamos páginas para llegar al encuentro con la rosa.
No sé que hacías ahí, ni como te escapaste de aquellos sueños de mis primeros seis años, donde, tomados de la mano, recorríamos los patios del recreo compartiendo un chocolatín.

¿Te acordarás de mí y de aquella tarde en que pasaste por la puerta de mi casa junto a tu padre, y te atreviste a mirar hacia atrás y regalarme un beso volador?... ¿sentirás el tibio perfume de aquellos días de primavera en que ensayábamos para el acto de San Martín y rogábamos a la señorita que nos dejará hacer de Martín y Remedios?...

Julián, no grabe tu apellido, porque para esos tiempos, los apellidos no eran importantes...solo existía una persona capaz de llamarse así: Julián, un nombre lleno de música...Julián, mi amigo...con el cual recogíamos el pasto de los camellos a fin de año... ¿recuerdas a Irma, nuestra maestra de 1° grado, cómplice de cada una de nuestras sonrisas?...volví a verla hace algunos años...la vejez se ha robado mucho de ella, pero aún no ha podido borrar nuestros nombres del bagaje de su vida.

Aún conservo la imagen de aquella margarita que me regalaste la mañana en que te dije: “me mudo”. Nuestros ojos cristalizaron esa realidad que nos obligaba a aceptar que no volveríamos a vernos. Pero la vida nos regalo un nuevo encuentro...6 años más adelante, en una fiesta de carnaval nos vimos...no supimos que éramos nosotros... ¿es que el tiempo ya nos había robado los recuerdos?...nos corrimos por todo el salón jugando con la espuma, hasta que nos encontramos cara a cara. “¿Cómo te llamas?, Julián, Romina...” y nuevamente cruzamos nuestras manos, nuevamente el mundo era posible de salvar a través del cariño...pero el tiempo no nos permitió consolidar ese cariño.

Nuevamente una mudanza y esta vez, no hubo una segunda oportunidad.

A veces siento que los recuerdos guardan más vida que la vida misma. Si pudiera escaparme a ellos, rescatar esos rostros que tanto significan, esos destellos vivos del amor en mi vida...a veces, simplemente quisiera volver a ser niña y correr contigo de la mano jugando a una nueva ronda.

Volver a merendar con galletas de vainilla mojadas en la leche, y reírme de tus bigotes de chocolate...quisiera seguir decorando letras y compitiendo por quién cuenta hasta más lejos...que una vez más mi madre no diga “chicos ya es tarde, Julián llego tu mamá a buscarte”...”un ratito más...un ratito más”....si tan sólo nos regalaran otro ratito de infancia...

Julián, el niño de los ojos color cielo... ¿Dónde estarás?... ¿Serás feliz?... ¿me recordaras?...debo confesarte algo, guardo tu nombre como un tesoro...y en mi álbum, tengo una foto tuya, donde la sonrisa y los sueños se conjugan en tu rostro...en ti, en esa foto, duermen tantas quimeras....y el sabor dulce de la amistad.