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¿Y si te fallo?


 ¿Y si te fallo?... me dices…
Y creo que nunca entendiste
lo que logras en el simple hecho de mirarme…

Vengo de caminar un largo desierto
donde el dolor se sirvió con el nombre de amigo
donde mi piel dijo si al azote del desprecio
y se llenó de espinas para protegerse del amor.

¿Y si te fallo? Me preguntas…
Y no imaginas como danzo con el miedo
ante la idea de volver a estar desnuda…

Poco sabes de mí,
si piensas que el ruido puede llegar a tocarte…
Solo ansío el instante de dos
de sombra y encuentro
donde toda piel sea lenguaje.

Escapas de mi hambre
de mi necesidad de ser mujer entre tus manos.
Escapas de la idea de la noche
de la danza interminable de jadeos…

Pero recuerda algo,
una vez puse mis fantasmas en tu escritorio,
cada silencio que me mantiene seca,
y aquel último beso que fue condena y navaja…

Mi invitación no es corbata ni cadena
sino un manso vuelo de dos cuerpos cansados
un reinventarnos en una caricia sin juicio,
un despertar de nuestra sangre sin temor a la torpeza…

Mi invitación es una danza
un jugar a descubrirnos en instantes sin nombre,
donde tu boca deje de ser espera
y todo en ti se convierta en platillo degustable.

Ya lo sabes,
Soy una mujer que tiene ganas
y tu nombre ha sido hecho a mi medida.

¿Y si te fallo?...me preguntas…

Y soy yo la que teme no ser mujer entre tus brazos.

Anatomía de la Apuesta


                     A ti, para siempre.

A la hora del amor,
apuesto a tu cuerpo
que una y otras vez
se cuece entre mis manos
desdibujando el dolor
añejo en las almohadas.

Apuesto a tus manos
que rompieron el misterio
del frio y de la piel,
navegando en el sudor
que habita en los intentos.

A tus piernas y a tus brazos
carnivoras enredaderas
que aprisionan la sed
convertida en virtud.

A tu espalda y a tu pecho
extensas llanuras
que rescatan mi rostro
del cansancio galopado.

A la hora del amor
apuesto a tu mirada
espacio donde todo sueño inicia,
cuando se vuelve espejo
de la mujer que soy
si me tocas.

Apuesto a tus labios
que aprendieron el lenguaje
del hambre acompasado
que esta escrito
en mis silencios.

A tu cabello y a tu cuello
jardínes perfumados
que vuelven primavera
la rutina.

A tus muslos y a tu sexo
estampa febril
que asesina los fantasmas
en un grito amordazado.

A la hora del amor
apuesto a ti,
a cada rincón que te completa
festín para mis labios
destino de mi cuerpo
que una y otra vez,
dice tu nombre
a la hora de la vida.

No se puede caminar


No se puede caminar
con un nombre pegado al alma
con el recuerdo de un instante que fue beso
y un encuentro que no llegó a tener vida.

No se puede caminar
con un recuerdo repetido
con certezas del refugio
en un espacio que es ajeno.

¿Cómo te explico?…
Es vivir asfixiado de tu ausencia
es tener que esforzarme hasta en lo simple.
Un remar a contratiempo
solo porque voy a verte
y no tengo potestad en tu caricia.

¿Sirven las distancias?
¿Sirve renunciar a quemarnos?
Si ya has pasado del simple espacio de la piel,
y desnudas mi historia en la mirada.

 ¿Sabes lo que hago cuando el tiempo no me corre?
Pensarte,
pensarte en mil maneras y espacios…
Dibujar las razones de tu cuerpo
y el sonido de mi nombre entre tus brazos.

Esta andar es una trampa sin salida
caminar en mil abrazos
inventarte…
Recrear todo de ti en otras tierras…
Y gastarme allí,
y pensarte allí…
para dar los buenos días
en un traje simple, duro…

 que no muestre que te amo.

A Tus Dudas



¿Y si tomemos un café
antes de vestir el mundo?
 Hay una distancia en este estar
que se ha vuelto cotidiano.

Debo hablarte claro,
no quiero que tus manos
se llenen de silencios.

No se trata de ti ni de tus gestos
se trata de que vivo un asombro envejecido
de que le gana el miedo a la sonrisa espontánea
y la memoria de mi piel solo ve puñal en el abrazo.

Esto que amas carga en sí demasiada historia,
y tiene sus modos.
Sobreviví a caricias de arcilla
y fui cubriéndome de escamas
que disfrazo a tus ojos…
pero habitan día a día a las puertas de mi alma.

No es excusa para el golpe
que siembro en tu pecho cada vez que tengo frio…
Solo es miedo a estar desnuda.

Lo sé,
no lleva tu firma esta oscuridad que heredas,
pero parte de mi luz viene de las tormentas
del terco reintentar entre fantasmas…
…Y dices que amas esa luz…

No te pido que entiendas
ni que reinventes cada ayer en mi almohada,
solo te pido que camines lento.
Créeme,
era incapaz del amor hasta tu nombre.



Amé a una mujer

Amé una mujer
era mi madre.
La ame siendo a veces hija y otras juez,
desamando en la palabra y en los pasos…
Dejé en cada salida los abrigos y paraguas
No sacudí mi cama antes de armarla…
Lleve siempre la media sin coser…
Y acepte los caramelos de un extraño.

Así la amé,
Abrazada a los contrarios.
Añorando alcanzar nuevas edades
para ir lejos del canto de la plancha.
La ame desandando todo sueño
y jurando no pisar los mismos llantos…
La ame odiando el nudo en su garganta
las ausencias en su agenda de proyectos.

Amé a una mujer
que en lugar de sueños tuvo hijos
y en sus nombres guardó todas sus alas
sudando sus heridas en secreto
a la espera de un mañana siendo abuela.

Amé a una mujer
era mi madre
La ame con la pobreza del que piensa
que siempre estará el tiempo para el beso…
Y la muerte, y las huellas, y el silencio
dejaron ese amor con mil pendientes.

Esa mujer a la que amé
Aún me ama
Y fiel a ese amor vence la muerte
Y se escapa tarde en tarde hasta mi espejo,
Siendo gesto, risa y fuerza en mi reflejo.

Amo a una mujer

y es mi madre…

El Amor se ha vuelto sordo


¿Hasta dónde Señor?
¿Cuál es la medida del silencio?
¿Acaso no vez que ya no es fruto sino herida
que no encuentro en ello gozo, abrazo o mirada?...
El silencio sin ti, es un ruido que ahoga
punzadamente instalado en todos los rincones,
donde no reconozco el origen de mi nombre.

El silencio sin ti, es la inquietud de mis manos
es cargar el alma inmóvil, inconmovible, sorda...
maratónica búsqueda por huir de las ausencias.

¿Hasta donde Señor, o hasta cuándo?
no reconozco bien cuál es la pregunta,
porque espacio y tiempo son la misma espera
en la agónica duda de saber si estas o no.

Se han caído todas las certezas
esas que habitaban los libros o antiguos testimonios,
esas que a ritmo de aplauso, una y otra vez contaba
esas que daban alas a mi andar y hoy sólo polvo.

Sé que esto pasará,
pero este estar en ti sin verte
sin memoria de tu voz o tu mirada
es herida que supura,
que se duele y se grita en las oscuridades del día
¿Puede tu amor ser sordo a todo esto?

Estoy paralizada,
no sé cómo dar un paso ni hacia donde
he olvidado cómo actúa Tu palabra,
como aguarda tras la niebla el abrazo.
Este mapa de mi vida ya no es nuestro,
ha dejado de ser un tú a tú contigo,
para ser voz de hombres, frágil de certeza y fundamento.

¿Dónde estás en todo esto?
¿dónde está tu mano en estos sinsentidos?
Sin memoria de Ti no hay diferencia
de lo bueno a lo más bueno,
y de ello a lo mas tuyo.

No te entiendo...
ni entiendo a la que habla cuando te hablo,
estoy tan aferrada a lo que verdaderamente creí tuyo
que destrozarlo ahora, es destrozarte.
Como hago?...
¿Cuántos comenzar caben en una vida sin romperla?
¿Cuántos, sin herirla de muerte?...
de una muerte triste, de una muerte lenta
vacía de promesas tras el sueño.

¿Donde estas?
¿dónde se esconde el rostro amado?
¿desde donde contemplas mi llanto?
¿cuánto más será ausencia, nombrarte?...

¿Hasta dónde Señor,

cuál es la medida del silencio?.

Poesía: ¿Guardas silencio?

¿Guardas silencio hoy que lloro?
hoy qué una daga anida en mi pecho,
afilada y profunda herida
que se duele constante
que se duele silenciosa...

¿ Guardas silencio después de tanto andar ?
de verme hacer maletas con mi edad tan verde,
de decir adiós tantas veces por buscarte,
de entender el no entender de los que amo...

Ya no puedo devolver el camino,
no queda nadie que mantenga vela
ante un desvelo afiebrado
o el tembloroso peregrinar tras un sueño.

¿Qué haré cuando llegue el invierno,
y mi vuelo busque torpemente volver al nido?
si el hogar que era regazo y mirada
hoy es ceniza y recuerdo...

¿Guardas silencio ante este sentir tan humano?
tan humano y tan frágil
que vuelvo a ser niña...
¿No ves que las tormentas golpean mi ventana
que todos los fantasmas ríen esta herida
y un amargo sabor tiñe todo lo andado?...

¡Es que no veo!¡Es que no puedo verte!
abrir los ojos es dejar que duela
es poner al fuego el alma
que se duele de tanta ausencia.

No me sueltes en esta noche
aunque parezca no buscarte.
Has sordos tus oídos a mis labios
que de enojo disfrazan esta herida sin tiempo.
Ante mis tercas manos que hacen fuerza
para abrazarse al dolor como estancia,
¡aférrame a Ti!,

¡Aférrame a Ti, aun con más fuerza!
que sin verte, sin sentirte ni buscarte,
Sabes que te amo.

Poesía: En la voz de Agar

     
      ¿No he visto también aquí al que me ve?Gn.16                    

¿De dónde vienes?, preguntas,
sabiendo que al contestar
no te hablaré de paisajes
sino de un buscar y buscar.
sabes de donde vengo
del cansancio en mi andar
de los desiertos recorridos
de las sandalias que gasté
de mi sed crecida en espejismos
del tiempo en mis manos dormido.

¿De dónde vienes preguntas?
vengo de contestar
de mil maneras erradas
este deseo de amar.
Vengo de ser herida,
vengo de lastimar,
vengo de haber vencido,
vengo de fracasar.

Y en todo este ir y venir
nunca entendí tus maneras
olvide que en el buscarte
debía dejarme encontrar.

Estoy cansada Señor,
cansada de tanto huir
de tener que explicar mi nombre
y la razón de mi andar.
Poco me pesa el camino
por tu ternura encontrar,
es amor lo que me mueve
terco y loco, pero amor.

¿De dónde vienes mujer?
¿de dónde vienes y adónde vas?
sonríes cuando preguntas,
conoces mi corazón.
Vengo no sé de donde
queriéndote encontrar...

¿Y a dónde vas? me preguntas
desde tu dulce mirar,
y poco recuerdo de miedos
de huidas o de dolor.
¿Qué puedo yo responderte
que tu no lo sepas ya?...

¿A dónde vas Mujer?
insistes una vez más.
Donde tú quieras amor,

donde tú quieras, pero contigo.

Poesía: A vos que preguntabas

No es que mis pasos sean solitarios
o que no sienta el murmullo oracional de los amigos
sé que esta calma la respalda el cariño conocido
que un abrazo con nombre espera tras la puerta,
pero aun así me siento sola,
y nada tiene que ver con nostalgia o lejanía
ni con la muerte tocando a la puerta de los que amo.

No es ausencia de fe o de milagros,
ni siquiera es el dolor que provocan las caídas.

Es, más bien,
un sentirme ajena a mi nombre
un mirar mis manos y no encontrarles sentido,
un dolerme por completo en la quietud y en el silencio.                                  

Encontrar que todo sobra,
consuelo, explicación o receta,
porque nada evita esta ceguera del alma
este sentirme sin Vos

aun estando en Vos.

Poesía: Ante las sinmedidas

No sé hasta dónde es posible el amor,
la entrega una y otra vez desde el barro,
sabiendo que al llegar la noche,
Estás.

Estás aún, en el silencio forzado de mis horas,
en los golpes de pecho pagados con distancia,
en éstas manos embrutecidas de miedo,
en el labio mordido en la impotencia,
de quiero, pero no puedo ante la imagen del espejo...

Quiero no quererte, cada vez que no me miro
Quiero no quererte, en el grito de la tierra,
Quiero no quererte, en la balanza de mis bienes,
Quiero no quererte, al medir mi pobreza en otros ojos.

Y todo este querer es volcán y enojo,
y todo este querer es terremoto en mis palabras,
 y juego a la ironía, que es escudo y espada.

Escapo, no por desamor sino por miedo:
¿Cómo responder a la sinmedida,
a un porque sí, que no se vale de mis méritos?
¿Cómo no temer a tu terca gratuidad,
si he pagado a golpes cada espacio de mi nombre?

Este miedo toma mil formas en mi día a día
y duerme en el andar mientras estoy lejos del fuego...
Pero llega la noche, y ya no hay ruido ni fugas,
y todo maratón termina de rodillas,
y ante Vos se debilita mi discurso de escape,
y ante Vos se rinde el temor al sinmotivo,
porque toda esta fatiga de querer no quererte

pierde fuerza y sentido cuando Vos decís: Quiero.

Poesía: Yo me rindo contigo

Yo me rindo Contigo
                             Al terco amor...
 
Hay días en que me da por mirarme
por sentarme a conversar con los fantasmas
y volver a dolerme por cada estrella muerta,
por los días deshojados y las manos quietas.
Volver a sufrir por la palabra enmohecida
por cada dibujo indeleble que habita mi piel ,
precio de cada logro que disfraza mi nombre.                       

Esos días nacen en tu ausencia
cuando busco las razones de mi nombre en tu voz,
una voz que a veces la pienso en pasado,
y me gana la nostalgia del pudo ser pero no ha sido...
Es que me sabe tan terca tú insistencia de encontrarme
en los destiempos de mi historia, sean de luz o sombra.

Y pensar que todo es parte de correr
de escaparle a las certezas que repican
cada vez que hago silencio.

Hay días en que me da por mirarte,
por sentarme a descansar de tantas luchas,
y te hablo de los rostros que caminan conmigo,
que se salen del alcance de mi abrazo,
y hacen doblar mi rodilla en letanía
olvidando el barro de mis pies.

Y están también estos días,
los que últimamente me asaltan
donde el nudo en la garganta no da tregua
y todo sudor es inútil,
pero no pierdo la paz.

Días como hoy,
en que me sé pobre y frágil,
pero tuya...

 yo me rindo Contigo.

Poesía: Plegaria en el Silencio

Cuando estoy con Vos no necesito razones
ni que algo nos pase a la luz de las velas
pueden las horas morir en mansa quietud,
y mis preguntas no ser más que aburrida letanía.

Una y otra vez vuelvo  a tocar la misma puerta
porque sé que estas aun no estando.
Que no haya nada Amor, que no haya nada
que me aleje de esperar en tu silencio.

He corrido mil danzas por buscarte
por tratar de no entender para escucharte,
y ahora estoy a tus pies con mi cansancio
y esta sed de Vos y de más nada.

Es que esta forma de amor me ha desarmado
ha desnudado de historia mis edades
y todo aquello que era escudo  y sombra
se ha vuelto gracia desde tu abrazo.

Que no pierda nunca en las palabras
el sentido de mi nombre entre tus manos;
que no me gane la memoria de la huella,
ni el impulso de la huida ante la prueba.

y si confundo Tu voz en otras voces
y sepulto la esperanza en mi pobreza
sólo una cosa Amor, solo una cosa

vení  Vos a encontrarme en esa  noche.

Poesia: Ante las piedras


veo piedras en sus manos
y pregunto por sus miedos
por esta historia de silencios que es mi espalda
y la distancia que me aleja de su herida.

Esas rocas pertenecen al camino,
al polvo macerado de sus lenguas,
al cuento no aprehendido en las caídas,
y un poco del querer sin haber sido.

No es mi nombre el que se duele en sus banderas
ni el color de esta piel esta en sus manos
y aun así,
duele que lo intenten
duelen esas piedras en sus manos.

¿A que le temen que se esconden en mi sombra?
¿A qué verdad escapan cuando hacen letanía de mis pasos?
yo no soy más que una mujer y sus silencios,
que un espejo para el tedio de sus días.

¿Acaso vieron en mis manos una daga,
un dedo acusador,
un verbo embravecido?...

¿Por qué las piedras en sus manos?
¿Por qué a una mujer que solo trata?...
Trata y cree aun en las promesas,
en la señal del no diluvio y el secreto de la vida
que se esconde sólo en ella.

Miro sus manos y aún sostienen piedras,
y yo recuento las heridas de otros golpes,
la infancia que vivió de carruseles tras la verja,
los paseos oscuros tras el sueño
y todas las veces que tuve la osadía de reír.
y se los cuento...
no por lástima, sino por fe...
Quizá entiendan que el crisol
poco tiene que ver con la mano de los hombres
y suelten esas piedras,
y vean a la mujer que de rodillas sostiene su vida,
luego de haberles dado vida.




Poesía: A quien hablar hoy de la noche


A quien hablar hoy que la noche
es una continuidad de mis miedos
donde el ir y venir de la brisa apolillada
arrastra de la piel lo que pueda tener vida.
Todo lo que tiene algo de mí se destruye
se desgarra, se ensucia a la luz del día
aunque lleve otros nombres.
Todo aquello que ame,
lo que quise mío…
lo que solo mire en palabras,
o lleva mis rasgos por herencia.
Todo lo que tiene algo de mí se desvanece,
ya sea piel o certezas,
basta con nombrarlos para que dejen de ser.
Parece que mi amor envejece lo que toca,
lo destruye todo, lo consume todo,
y cuando cree darle alas, lo ahorca hasta el silencio.
Está en mis manos,
tienen el otoño dibujado en sus palmas
y ya no hay forma de escaparse de ellas,
y me tienen de pie ante las tumbas.
He dicho tantas veces adiós,
quedándome con deudas que me atan a la tierra,
que galopan en mi cuarto mientras paso el rosario
buscando el tiempo del amor, que les fue prometido.
Quizá es por eso que mi infancia
es una historia inventada.
Poco se dé cuanto ame,
cuando aun no sabía de la noche,
solo tengo en herencia las palabras…
Las palabras, y esta triste costumbre
de no amar, desde la vida.

Poesía: A Conciencia


A un amigo
Han muerto los que pueden señalarte,
los que guardaban en estampillas tus promesas a futuro.
Estas sentado en la certeza del hambre saciado,
y olvidas que el espejo ya no tiene tu rostro.
¿Dónde has puesto tu corazón
que una y otra se deshabita?
No te conoces en la sombra que reflejas,
y tienes razón,
poco tiene que ver con la fuerza de tu nombre...
Que fácil has vendido tu sortija
olvidando cuantos carruseles has girado por su suerte.
Señalas y buscas a quien culpar del frio
y en tu almohada escribes los nombres que no amaste;
Eres tu propio verdugo,
quien busca regresar aunque sea contramano
adonde el honor y la traición juegan la misma partida;
Quien muerde el lado izquierdo de tus labios
cada vez que el día amenaza estar paz.
¿Dónde has puesto tu corazón
que una y otra se deshabita?
No te conoces en este juego de barajas,
y tienes razón,
poco tienen de verdad esas cartas en tus manos...
Que fácil destruiste al grillo en la ventana
olvidando que jugó contigo a ser arquitecto de tus años.
No tienes idea de cómo decir adiós
y una y otra vez escribes tu verdad en otras bocas;
esculpes maravillas en el lodo,
y luego te preguntas porque cambia su forma.
No tienes idea de cómo morir
y sigues seduciendo a las navajas,
mordiendo las horas en tu rito afilado
donde todo deja de ser sólo con cerrar los ojos.
¿No ves que ya estás muerto?
que has cambiado tus alas
por placas que guardan tu nombre en la pared.
Dónde has puesto tu corazón
que ya no recuerdas la canción maternal a la hora de la cena...
Dónde que olvidaste como se habla con Dios...
Dónde que te quedas parado viendo nacer las ruinas...
Dónde que sigues mendigando la sonrisa a las estatuas...
No sabes nada de mí,
ni de la altura del amor...
ni del peso del alma cuando no es fiel...
ni de la herida hecha ofrenda en el silencio...
No sabes nada de mí,
ni del espacio que separa tu nombre del mío
cada vez que me ves en el espejo.

Sin Nombre


Adonde iré ahora que perdí mi nombre,
que los gestos de mi rostro no tienen herencia.
Adonde ahora que no tengo espejos,
que quedó sin excusas el fuego y el miedo.

Ya no sé quién soy cuando me arrodillo,
cuando el rosario camina los golpes
o la espuma del vaso descansa en la almohada.

Ya no sé quién soy cuando todo calla,
cuando el tiempo hace historia en mi cabello
o el domingo y sus promesas retumba en las ventanas.

Adonde iré ahora que perdí mi nombre,
que la historia de muñecas guarda ramas en las sombras.
Adonde ahora que hay fantasmas nuevos,
que un vacío sin rostro explica mis silencios.

No sé quién soy,
ni desde que boca explicar mi anonimato.
He caminado suponiendo las sonrisas,
y dando nombres al amor con los pies en el barro.

No sé quién soy,
ni con que fuerzas poder abrir los ojos.
Sólo tengo un diario que intenta explicar el frío
y unas fotos que intentan darle muerte.

Tengo tantas vidas en la espalda,
que no distingo sin son papel o son manos.

Adonde iré ahora que perdí mi nombre,
y el regazo de mi madre es recuerdo y es polvo.


De tu testimonio


al P. Osvaldo Correa

La vida no se entrega en un salto,
no se juega en ruletas o cheques en blanco.
Es un quiero y no quiero diario,
es un te invito y no puedo,
te invito y me juego...

La vida se mide en confianza,
en el día a día consumido en la siembra,
semilla a semilla,
palabra a palabra...
no necesariamente en grandes campos,
no necesariamente a la luz de los hombres...

La vida es entrega cuando sobrevive al fuego,
cuando se quema,
cuando se parte,
cuando abraza la noche en el silencio,
sin certeza de que la luz llegue a su cuarto
pero seguro de que sigue amaneciendo.

La vida no transforma en mitos.
Es cara a cara,
es prueba a prueba,
que la vida es mensaje,
testimonio vivo,
Misión.


Rostros del silencio


Esta mujer está llena de silencios,

de cuadros partidos que hacen vieja la memoria,

sus tardes ya no saben del nombre materno

del regazo tibio que peinaba su infancia.


Esta mujer tiene secretos que ahorcan su garganta

un tatuaje que recuerda los espacios divididos

y dos o tres cicatrices de la vez que no durmió.


Esta mujer corrió de todos los fantasmas,

rezo el rosario de rodillas para no apagar la luz.

Creyó, unas veces en Dios y otras en un hombre,

para poner el cerrojo a la hora de las brujas.


Esta mujer no tiene idea de quién es frente al espejo.

Esta mujer guardo el perdón para otro tiempo.

Esta mujer se despierta y sigue viendo a una niña

que juega a no respirar para que el día no duela.


Esta mujer tiene miedo y no duerme,

esta mujer tiene miedo y envejece.

La muerte la visita en todas las esquinas,

y ella sigue en silencio

sin saber cómo no ser esta mujer.