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De regreso a la red

Luego de unas vacaciones trabajadas, por el arduo compromiso de la Feria del Libro, he regresado...veo que estoy atrasada...asi que iré un comentario a la vez....mañana o pasado hablaremos de feria...hoy, a pedido de FrancoSilvio, les contaré un poquito de la presentación de mi primer libro.

Más que comentarles el acto, que fué precioso, entre amigos y conocidos....un momento especial, como todo nacimiento....les dejo a continuación las palabras de mi amigo Avelino Stanley...

Una carta sobre los poemas de Romina Bayo


Apreciada Romina:

La danza siempre habrá de evocarnos a movimientos rítmicos, a la belleza vuelta compás en los cuerpos, a expresiones de ritos del alma.
La soledad siempre habrá de convocarnos al ritmo detenido; es un estado del alma que se prefiere y que se detesta; es el tiempo en un estado agónico, que nos da vida, que nos mata. En Danza de soledades, siento todo un desgarramiento tuyo. La misma se nos revela como una sinfonía servida para un concierto de cuerpos, de ritos, de estado deseado y detestado a la vez.
Hay, en cada uno de tus textos, una tentación... una invitación que incita... un desbordamiento que sumerge. Porque el buen decir danza con el sentir profundo.
“Percibiendo tu voz
que estremece la noche,
donde la luna se duerme
sin custodiar mi tristeza.”
He ahí un llamado de atención para iniciar una sinfonía para la soledad. Esa es la voz que estremece.
“Vida,
me retas.
Busco mil refugios,
oscuridades.”

He podido percibir que ofreces en Danza de soledades un banquete. En el mismo solo podrán servirse aquellos que sepan degustar de la poesía. De la poesía exquisita. De las imágenes que como relámpagos dan relumbrones a la intensidad poética.
“Llueve,
y el día se deshace en lágrimas,
se han perdido las huellas de vida
y estoy sola.”
Por tanto, no hallará belleza quien no la conozca. Los desconocedores tal vez ni siquiera hallen la danza. Como los cegatos, solo hallarán las soledades.
Ya te dije que tientas:
“Bebí de los espejismos
que tus palabras esbozaron
decidí conquistar.”
Ya te dije que incitas:
“invade mis bosques
siégalos...
que el invierno se arrima
y la espera seca el deseo”.
Ya de dije que reflejas un desbordamiento que sumerge:
“La cama
tabernáculo secreto de saciedades,
el cuerpo,
ofrenda eclipsada en lascivia danza”.
Pero también, como tientas, esquivas:
“¡Acéptalo!
Tus promesas llegaron tarde,
han caducado los sueños”.
Como incitas, paralizas:
“Hemos guardado silencio
y tú y yo,
seguimos estando a la misma distancia”.
Como desbordas, retienes:
“Un hombre envuelto en rosas,
una mujer anhelando una flor”.
Eso es lo que le da el alcance sin límites a tu poesía.

Tus danzas, Romina, son como una sinfonía de cuatro tiempos:
“Destellos de otoño”, de reminiscencia; “Esfinge de mujer”, de reafirmación; “Cantos a mi madre, de dolor por la inesperada partida; y, “Retoños de esperanza”, con una mirada que taladra el futuro. Cada uno, cuando danza, te devela. Porque todo tu interior está desgarrado en esa Danza de soledades. Por eso, si me lo permites, interrumpo tu soledad por un momento, solo por un instante, para saludar tu obra, con una nota musical de felicitación. Sé que esa danza hallará la grata compañía de muchos lectores.

Con aprecio

Avelino