Reflejos

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Es temeraria la desnudez natural del invierno
que viste de muerte ruidosa las calles
y manda a dormir a los gorriones.

Me refugia este bar desmantelado
que una vez fue espacio para mi primer café.
Destejo las edades
en el borde de un vaso encanecido.
Sus cristales sucios
no devuelven el reflejo que la memoria reclama
y está vacía la mesa que siempre habitaba un poeta sin nombre
que en silencio me enseño a convocar el verso
mordiendo la punta de un lápiz viejo.

Alguien me observa como quien observa a un fantasma,
me sonríe
se burla de mí y mis incertidumbres…
Tiene razón…
Da risa ver que a mi edad
sigo guardando boletos capicúa,
sigo esperando que caiga una estrella para pedir lo imposible,
sigo creyendo que una mirada tendrá el nombre del amor.

Se ríe,
y me molesta su risa…
Sé que estoy perdida en una tierra mía,
que los adoquines de estas calles saben más de mí
que lo que yo misma se
pero no quiero que se burle de mis soledades…

Tomo mi copa,
bebo hasta el fondo su vino barato
y rompo la risa que se dibuja en el espejo frente a mi mesa.